Conocemos muchas historias sobre el origen de diversos pueblos. En general, son epopeyas históricas de victorias y batallas ganadas las que han marcado...

 

Conocemos muchas historias sobre el origen de diversos pueblos. En general, son epopeyas históricas de victorias y batallas ganadas las que han marcado su conformación. Sin embargo nosotros celebramos en  Pesaj, como todos los años, la constitución de un pueblo que se animó a rebelarse contra la opresión y el silenciamiento. Somos descendientes de esclavos, sí, que en un momento de la historia decidieron adueñarse de su destino y negarse a lo inmodificable. Somos un pueblo que entrelaza la fe en los cielos, con la acción en la tierra. Y así fue: las puertas hacia la libertad se descubrieron cuando pudieron abrir sus ojos y ver más allá del límite con el que estuvieron acostumbrados a vivir durante centurias.

En honor a esa conciencia y esa apuesta, nosotros hoy vamos a volver a sentarnos alrededor de una mesa, para pensar en nuestras esclavizaciones y nuestros esclavizados, para escuchar el silencio o el grito que nos oprime y para fortalecernos en la decisión de tomar la historia en nuestras manos y celebrar la capacidad de libertad que nos habita.

La historia del Exodo nos enseña a tener fe, a pesar de nuestros temores y limitaciones. Y poder narrarla en casa, alrededor de la mesa, delante de nuestros hijos renueva nuestro compromiso con la vida, la dignidad y el respeto por nuestra propia historia y por la de todos aquellos que aún hoy siguen sufriendo sus múltiples esclavitudes.

En el Gan y en el Iesodi…

Pesaj en nuestra escuela coloca a los niños frente al desafío de reflexionar sobre nuestra historia, nuestras tradiciones y costumbres.

Profundizar en el relato los lleva a recorrer la hagadá planteándose sentimientos en relación a la salida de Mitzraim, preguntas en relación a la decisión y a la idea de ser libres, los miedos de algunos, el arrojo de otros, el ponerse en el lugar de personajes tan lejanos a ellos en el tiempo, pero que no obstante los estimulan a pensarse a sí mismos en relación a su propia libertad, a sus decisiones, a su autonomía. Los talmidim llegaron a celebrar el Seder con la apertura a nuevas preguntas, a nuevas respuestas, a nuevos planteos que en definitiva son ni más ni menos aquellos que nos pertenecen por ser parte de la historia de nuestro pueblo. Renovarlos en cada año, generación tras generación es aquello que nos identifica y nos enfrenta al desafío de seguir siendo quienes somos.

La escuela se vistió de Pésaj, la escuela se preparó, las propuestas, la tradición y nuestro propio compromiso siguen en marcha. Disfrutamos de los relatos, compartimos sedarim y volvimos a recuperar sensaciones.
Dramatizamos la historia, jugamos con los personajes, rescatamos su grandeza, sus virtudes, su voluntad y fortaleza.
En la línea del tiempo comprendimos los motivos de la llegada de nuestro pueblo a Mitzraim,  revivimos a través del juego, secuenciamos los acontecimientos.
Cantamos, bailamos, nos preguntamos y seguimos aprendiendo, rescatando tradiciones.

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